Con una participación récord para el encuentro, se llevó a cabo en Lima el Congreso Anual del Consejo Internacional de Aeropuertos – ACI -, que reúne a ejecutivos de aeropuertos, autoridades aeronáuticas y representantes de empresas vinculadas a la industria del sector.
Según destacó Rafael Echevarne, director general de ACI-LAC, el encuentro contó con más de 650 participantes registrados, en una región donde el tráfico aéreo continúa creciendo, aunque con importantes desafíos en materia de infraestructura y conectividad.
Durante la apertura, Echevarne señaló que el tráfico de pasajeros en América Latina y el Caribe creció 1,9% durante el primer semestre de 2026, mientras que la carga avanzó 3,6%. Para todo el año, ACI proyecta unos 809 millones de pasajeros en los aeropuertos de la región, con una perspectiva de alcanzar 1.500 millones hacia 2045.
Ese crecimiento plantea uno de los principales desafíos que atraviesa la agenda del Congreso: la necesidad de ampliar y modernizar la infraestructura aeroportuaria. De acuerdo con ACI-LAC, la región requerirá alrededor de US$178.000 millones de inversión durante los próximos 30 años para acompañar la evolución de la demanda.
Echevarne remarcó que el desafío no es solamente financiero. Las inversiones en aeropuertos también tienen un impacto sobre el empleo y el desarrollo económico de las ciudades y regiones a las que sirven.
En este contexto, ACI-LAC señaló que el sector privado está dispuesto a participar de esas inversiones, pero reclamó a los gobiernos condiciones que permitan concretarlas. La región cuenta, de hecho, con una elevada participación privada en la gestión aeroportuaria: ACI-LAC reúne actualmente a 363 aeropuertos, administrados por 90 operadores en 45 países, que representan alrededor del 95% del tráfico de pasajeros regional.
Pero el crecimiento del tráfico convive con otro fenómeno que preocupa al sector: la pérdida de conectividad. Echevarne señaló que la región perdió cerca del 20% de sus conexiones entre ciudades respecto de 2019, una situación que afecta especialmente a los mercados regionales. Por eso, uno de los mensajes dirigidos a los gobiernos fue avanzar desde la firma de acuerdos hacia una liberalización efectiva del transporte aéreo, eliminando barreras que dificulten la entrada y salida de operadores y ampliando las posibilidades de conexión entre mercados.
En este sentido, ACI-LAC plantea la necesidad de avanzar hacia una mayor liberalización y eliminar barreras que dificultan la apertura y el desarrollo de nuevas rutas. La conectividad regional aparece, así, como uno de los temas centrales del encuentro, junto con la sostenibilidad, la experiencia del pasajero y la eficiencia operacional.
Otro de los puntos abordados durante la apertura fue el debate en torno a las tasas y cargos aeroportuarios. Echevarne sostuvo que los cargos aeroportuarios representan menos del 6% de los costos operativos de las aerolíneas y remarcó que están vinculados con los costos de operación y las inversiones que realizan los aeropuertos. Agregó que las tarifas están sujetas a una estricta regulación económica, señalando además que un estudio próximo demostrará que los aeropuertos que aplicaron mayores descuentos tarifarios son aquellos donde los pasajes aéreos han perdido más valor.
La organización sostiene además que los cargos deben guardar relación con los costos de las instalaciones y servicios proporcionados, bajo principios de no discriminación, transparencia y consulta con los usuarios, en línea con las políticas de la OACI. El argumento cobra especial relevancia frente a las necesidades de inversión proyectadas. “Alguien tiene que pagar” por las nuevas infraestructuras, planteó Echevarne durante su exposición, al tiempo que defendió la previsibilidad de las tarifas aeroportuarias frente a la variabilidad de las tarifas aéreas.
Los datos presentados por ACI-LAC muestran, además, que los aeropuertos latinoamericanos dependen más de los ingresos aeronáuticos que el promedio mundial: en 2024 representaron el 64% de sus ingresos, frente al 54% a nivel global.
Durante su discurso de apertura, como actual presidente de ACI-LAC, Juan José Salmón, CEO de Lima Airport Partners, destacó que la región tiene una potencialidad gigante para seguir creciendo, y “Desde los aeropuertos estamos listos para hacer nuestra parte, invertir, crecer, innovar y seguir conectando América Latina y el Caribe con el mundo. Durante estos tres días tenemos una extraordinaria oportunidad para compartir experiencias, debatir y sobre todo construir juntos la siguiente etapa de nuestra querida industria”.
La tecnología también ocupa un lugar destacado en la agenda. Para ACI-LAC, la incorporación de nuevas soluciones puede permitir procesar un mayor número de pasajeros sin que necesariamente sea necesario ampliar físicamente todas las instalaciones. Echevarne puso como ejemplo los procesos de seguridad y migraciones, donde la utilización de tecnología puede reducir tiempos y evitar la necesidad de determinadas ampliaciones.
Sin embargo, señaló que uno de los principales obstáculos no es tecnológico sino institucional: la implementación de estas soluciones requiere coordinación entre aeropuertos, autoridades de seguridad, migraciones y otros organismos públicos. En ese sentido, mencionó el modelo de Dubai como un ejemplo de coordinación entre las distintas áreas involucradas.
“Hoy las filas en los aeropuertos es una decisión tomada directamente por muchos gobiernos”, planteó Echevarne, al señalar que seguridad, migraciones y otros organismos necesitan alinear sus objetivos para poder aprovechar plenamente las herramientas disponibles.

Durante el encuentro, Juan José Salón advirtió que el Estado peruano no ha sido lo suficientemente diligente para facilitar las condiciones que permitan concretar las inversiones en los plazos previstos, cuestionando además que se exija a los operadores privados seguir los lentos procedimientos de la inversión pública.
Salón también señaló graves problemas de planificación estatal en torno al nuevo aeropuerto de Lima, detallando la falta de previsión en la conexión vial —que obligó a improvisar puentes temporales con inversiones adicionales— y la ausencia de una estación de metro diseñada para el nuevo terminal.
Respecto a las quejas del sector aerocomercial por los costos, Salón comparó que mientras una tasa aeroportuaria representa una fracción menor, un pasajero puede gastar aproximadamente USD 30 en elegir un asiento o USD 100 en facturar una maleta.
El mensaje de ACI-LAC en Lima combina así una perspectiva de fuerte crecimiento a largo plazo con varios desafíos pendientes: recuperar conectividad regional, generar condiciones para nuevas inversiones, discutir el esquema de tarifas y acelerar la transformación tecnológica.
La organización considera que América Latina y el Caribe todavía tienen un importante potencial de crecimiento. Pero para capturarlo será necesario que el desarrollo de la infraestructura acompañe al tráfico y que los aeropuertos puedan trabajar coordinadamente con gobiernos, organismos reguladores y el resto de la industria.
En definitiva, el desafío que plantea ACI-LAC para las próximas décadas no es solamente construir más aeropuertos o ampliar terminales. Es generar la capacidad física, regulatoria, tecnológica y de conectividad necesaria para que los 1.500 millones de pasajeros que la región podría movilizar hacia 2045 puedan efectivamente volar.

Durante su intervención, Justin Erbacci, director general de ACI World, remarcó que el enfoque del diseño aeroportuario debe experimentar un cambio radical: “Hace décadas hemos construido aeropuertos alrededor de los aviones; la siguiente generación debe ser construida alrededor de la gente”. Asimismo, señaló que las sólidas proyecciones de crecimiento de la industria deben interpretarse tanto como una señal de confianza como una profunda responsabilidad compartida para preparar el sistema de aviación ante la demanda inminente. Erbacci subrayó la necesidad urgente de transitar de las limitaciones de capacidad hacia la creación activa de la misma, optimizando cada proceso y movimiento del ecosistema —más allá de las construcciones físicas—, y exigió a los gobiernos evolucionar de esquemas puramente regulatorios a marcos que garanticen condiciones económicas y políticas estables para que los aeropuertos puedan atraer capital, invertir y consolidarse como verdaderos motores económicos.
